Memorias de una Geisha

Aprovechando que estuvimos dando unas vueltas por el Parque Nacional (luego contaré sobre eso) y que los martes el cine es a $5.500 y, aprovechando también, que habíamos estado conversando con “JuanCa”, era el momento propicio para ver algo de cine. Ya que el presupuesto no anda muy bien estos días y que gastamos mucha plata el fin de semana comiendo rico y paseando por La Calera, decidimos que lo mejor era comprar la comida afuera y encaletarla. Adentro sólo compraríamos la gaseosa, como para no ser tan carepalos. Y bueno, con papitas Margarita y brownies de arequipe a bordo, mi vampire y yo entramos a vernos “Memorias de una Geisha”. Hace rato que me la quería ver.
La película me gustó mucho. Su fotografía y arte, guión, ambientación, música, etc. En fin, no soy crítica de cine, pero en mi humilde opinión, la película aguanta. Pero hay algo que me horrorizó: es hablada en inglés. Está perfectamente ambientada en el Japón de la Segunda Guerra Mundial, con actores orientales, pero quienes las única palabras que pronuncian en japonés son Kampai, Conichiwá y Arigato (que pena si no las sé escribir, pero es que no sé hablar ni escribir japonés). De resto, todo los diálogos son en un inglés con un acento medio raro, me imagino para que no creamos que los actores hablan inglés como su lengua materna y de alguna forma sintamos que están en Japón y que les cuesta un poquito de trabajo la pronunciación. ¡Pero si están en Japón y se supone que son japoneses, pues que hablen en japonés!
Esto sucede con muchas películas históricas o aquellas que se supone suceden en países que no son Estados Unidos, pero son realizadas por gringos. A los weones se les complica mucho hacerlas en el idioma original y, en añadidura, al público gringo le da física mamera leer los subtítulos a los que estamos tan acostumbrados nosotros los “extranjeros”. Entonces, ¿qué sucede? Que tenemos que mamarnos la mayoría de las fuckin’ películas en inglés, para el mínimo esfuerzo de los gringos. Por eso me pareció bacano el esfuerzo que hizo Mel Gibson con “La Pasión de Cristo” que, para los que no se la han visto, es hablada en Arameo y Latín.
Pero, a pesar de que me cargue eso del idioma (soy una fanática de los idiomas), recomiendo la película. Una de las cosas que más me gustó fue el arte y la fotografía (algo que caracteriza muchas películas orientales). Falta estar loco para no apreciar la belleza de las Geishas y sus bailes, sus abanicos, su vestuario y su maquillaje. La historia también me pareció muy bacana y muy bien contada. No me he leído el libro así que no sé qué tan fiel sea a la historia original.
Algo que me gustó mucho al final es el jardín típico de Japón que muestran en otoño. Me recordó mi propia experiencia (ya que cuando visité Japón también era otoño). Y es que Japón es así. No es que las películas hagan que el jardín parezca de fantasía, así son en realidad. Jardines de cuentos de hadas llenos de hojas amarillas, rojas y naranjas que se combinan con monumentos, lagos y construcciones típicas de la cultura japonesa. Japón es como un sueño, es como otro planeta.
Acerca del Arameo en “La Pasión de Cristo”:
Pero traer a la vida al arameo en la gran pantalla se llegó a convertir en un enorme desafío. Después de todo, ¿cómo crear a mediados del S.XXI una película en una lengua desaparecida en el Siglo I?
Gibson recurrió a la ayuda del padre William Fulco, Catedrático de estudios mediterráneos en la Loyal Marymount University y uno de los más destacados expertos del mundo en lengua aramea y culturas semíticas clásicas. Fulco tradujo el guión completo de La Pasión de Cristo al arameo de la primera centuria para los personajes judíos y al latín coloquial para los personajes romanos, guiado por sus extensos conocimientos lingüísticos y culturales. Después de traducir el guión, Fulco colaboró como profesor de diálogos durante el rodaje y se mantuvo al tanto durante toda la producción, atendiendo consultas y traducciones de última hora. Para autentificar aún más el lenguaje utilizado, Gibson también consultó a nativos que aún hablan dialectos del arameo para estudiar la belleza de escuchar esta lengua muerta, recuerda, fue muy emotiva.
Por último, el reparto internacional completo de La Pasión de Cristo tuvo que aprender unas pautas de arameo, sobre todo su uso fonético, convirtiéndose tal vez en uno de los mayores grupos de artistas que jamás hayan hablado una lengua antigua en masse. Para Gibson, la realización de la película en “lengua extranjera” tuvo otro beneficio: el aprendizaje del arameo se convirtió en un factor de unificación de un reparto con actores de muy diferentes idiomas, culturas y ambientes. “Reunir a un reparto con actores de todas partes del mundo en un mismo lugar y tenerlos a todos ellos juntos aprendiendo un idioma les confirió un fuerte sentimiento de comunidad, de que estaban compartiendo y estableciendo lazos que trascendían el propio idioma”, comenta.
Además todo ello obligó a los actores a buscar más a fondo dentro de sus recursos físicos y emocionales por encima y más allá del uso de las palabras. “Hablar en arameo requiere algo diferente de los actores”, observa Gibson , “porque tienen que compensar la usual claridad de su propio lenguaje nativo. Se pasa a otro nivel de interpretación, absolutamente diferente. En algún sentido, retomamos buenas y antiguas formas de filmación ya que estamos tan comprometidos con contar la historia con la pura imagen y expresividad como con cualquier otra cosa”.
