mardi, avril 26, 2005

Potemkin

¿Puede la felicidad ser tan grande que se convierta en tristeza? ¿Puede el orden ser tan perfecto que se convierta en caos?

Potemkin fue uno de los amantes más controversiales de Catalina La Grande, entre tantos que tuvo. Esta zarina de Rusia, de origen alemán y cuyo verdadero nombre era Sofía Federica Augusta, llegó al poder gracias a su extrema inteligencia y al golpe de Estado que le propinó al estúpido de su marido (siendo éste nieto de Pedro El Grande). Catalina se enamoró perdidamente de Potemkin, un hombre tuerto y para nada agradable a la vista, pero gran soldado de admirable inteligencia. Catalina le entregó no sólo su cuerpo y su corazón, le dio además riquezas inimaginables, títulos, tierras, joyas... y tal vez lo más significativo: un increíble poder en la Corte y Consejo de Rusia.

Su nuevo amante tenía todo lo que alguna vez soñó: el amor de su "inalcanzable" emperatriz y un poder que sobrepasaba los límites de lo que alguna vez imaginó. Potemkin manifestó tener todo lo que alguna vez había soñado.... pero tanta felicidad.... ¿explotó?

Este personaje de la historia, amante de la poesía, la música y las artes, llegó al punto de sentirse tan feliz que entristeció. Su depresión lo consumía constantemente.... se encerraba semanas enteras, comiendo únicamente migajas de pan. Entristeció de felicidad... manera incoherente de explicar su situación, que para algunos puede ser locura... pero puede ser que Potemkin simplemente se dio cuenta que esos placeres terrenales que incluían el amor (casualmente la búsqueda constante del ser humano) no le daban satisfacción una vez los poseía....

El príncipe de Ligne lo describe: “Es el hombre más extraordinario que he conocido jamás. Tiene una expresión perezosa y trabaja sin descanso… siempre está acostado y no duerme de día ni de noche, pues su celo por la soberana a la cual adora lo mantiene en permanente agitación… Se muestra triste en los placeres, desgraciado de tan feliz, cansado de todo, capaz de molestarse fácilmente, malhumorado, inconstante, es un filósofo profundo y un ministro hábil, un político sublime y un niño de diez años… es prodigiosamente rico, pero no tiene un centavo; habla de teología a sus generales y de guerra a sus arzobispos, jamás lee, pero explora a sus interlocutores… todo lo quiere, como un niño, y puede prescindir de todo, como un gran hombre… ¿cuál es, por lo tanto, su magia? ¡El genio, y aún el genio, y siempre el genio!".

Tal parece que, como afirma la filosofía hermética, la tristeza y la felicidad son polos opuestos pero por eso mismo, están en un mismo nivel. Así como el frío y el calor, la fortaleza y la debilidad, el blanco y el negro....

La alegría ser lo mismo que la tristeza... puede sonar algo incoherente... pero ¿acaso no dependen una de la otra? ¿Acaso la alegría más grande es producto de una gran tristeza que se va? ¿O la tristeza que llega no se refiere a un alegría que alguna vez tuvimos y añoramos?

¿Será que la felicidad es una quimera humana que simplemente consiste en esa búsqueda eterna? ¿Cual es la meta entonces? ¿Cual es el sentido? ¿Cuál es el fin?